sábado, 31 de mayo de 2014

Proyecto Eirene Editorial y "En esta Caracola" Un poema de Manuel López Azorín dedicado a Carmina Casala en la presentación de "Por dentro de la vida (Antología poética 1981-2013) que hemos publicado en la Colección de poesía de Eirene Editorial




1.-

PROYECTO EIRENE EDITORIAL
       (Colección de poesia)



Con la Colección de poesía de Eirene Editorial ( al igual que con las otras colecciones de narrativa ficción y no ficción, teatro e infantil y juvenil que tiene,  aunque aquí solo me refiera a la colección de poesía), ponemos la ilusión de canalizar la búsqueda de autores y, cómo no, de lectores como base para afianzar este proyecto editorial.

Un proyecto editorial  que resulta difícil definir, pero que, desde luego, no es el de una empresa  en la que el afán de beneficio pretenda ser el fin o la razón de su existencia. 

Es, sencillamente, el resultado de un sueño, un sueño utópico si quieren, de un grupo de personas que aman la literatura, que aman la poesía, y que pretenden fomentarla y difundirla apostando, siempre, por aquella que nos ofrezca una puerta que se abra a la esperanza.


Con Eirene, el nombre de una diosa griega con su cornucopia de abundancia, esperamos que sea símbolo de riqueza, pero de riqueza interior para  colaboradores, autores y lectores de este llamémosle sueño editorial cuya cabeza visible es Consuelo Altable.

Consuelo Altable, de Eirene Editorial
Somos conscientes de que este sueño es una utopía, pero hace muchos años un gran escritor,  dramaturgo, articulista, y poeta… me dijo que, algunas veces,  las utopías comienzan a realizarse a partir del momento en que las pensamos. Y yo lo creí y lo creo hoy más que nunca hoy como director de la Colección de poesía.

En estos tiempos que corren sabemos que navegamos por un mar de tormentas tanto sociales como económicas y en esas tormentas parece que se ha perdido la brújula a nivel personal y colectivo. Navegamos embarrancándonos en la indignación y el temor a una involución, el miedo a las pérdidas, a no sobrevivir como soñamos, ni  individual ni colectivamente. Para defendernos hay que seguir adelante y tener la capacidad de soñar porque los sueños no nos los pueden quitar.


La apuesta de esta editorial con una línea de valores como la inocencia, en el sentido de bondad machadiana,  la misericordia, la esperanza, la luz, el amor…e s lo que nos ha movido a soñar este proyecto Eirene.












Dentro de la colección de poesía, que se inició con un libro mío: Romancero flamenco en diciembre de 2012, al pedirme que me hiciera cargo de la dirección de esta colección y tras muchas dudas al principio terminé aceptando en septiembre de 2013, Tras ocuparme de la dirección de esta Colección de poesía, hemos publicado ya los siguientes poemarios:

Unifamiliar (con vistas), del cantautor y poeta Moncho Otero, 











Pensamientos de un eucarióticode J. Álvaro Gómez



 y Ni sombra de lo que fui, de narrado, ensayista, cuentista y poeta Luis Martinez de Mingo 


Fue en diciembre de 2013 y ahora en mayo de 2014 Por dentro de la vida (Antología poética 1981-2013), de Carmina Casala. 


Todas las portadas de la Colección de poesía las  realiza Gema L.M. Azorín , pintora Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid.

Eirene editorial se crea pensada para autores jóvenes por los que apostar, y pensada para autores conocidos y reconocidos a los que incorporar a nuestra colección. Una colección que pretende libros bien hechos, bien cuidados, que atraigan a los lectores porque dentro de esa Poesía que es una y diversa, sepan que encontrarán calidad ya que buscamos, dentro de nuestra escasos recursos ir, paso a paso, incorporando autores para cuidarlos con esmero (cuidar a los autores es, en nuestra opinión, cuidar a los lectores) para  darles, a los lectores lo mejor que sepamos y podamos, a los jóvenes, la oportunidad de publicar, y a los conocidos y reconocidos, lo que merecen: un homenaje a su labor creativa.

2.- 
POEMA  EN ESTA CARACOLA 
PARA CARMINA CASALA

Y hablando de homenajes, quiero concluir ofreciendo nuestro homenaje a Carmina Casala en esta noche de presentación por parte del poeta Francisco Caro que, entre otras muchas cosas, dice de esta antología Por dentro de la vida y de su autora Carmina Casala:
Francisco Caro
"Lo de hoy, el júbilo de hoy, la alegría que supone esta amplia y vital antología que presentamos, no viene a otra cosa sino a dar testimonio necesario de aquellos instantes creadores. El tráfago de la vida poética madrileña, que parece devorarnos, se resistía a dejar en la penumbra una voz, que por motivos que solo ella conoce, y dirá si lo desea, lleva años callada. Ha sido precisa una comunión generosa de voluntades: la de Eirene editorial, la de Manuel López Azorín, la de la propia autora, para satisfacernos. Aquí está este Por dentro de la vida, título que podría ser Por dentro de mi vida. Y no porque el libro se detenga en circunstancias concretas de su vida, sino porque tras su lectura minuciosa, la conjunción de armonías entre obra y autora hace a ambas más coherentes.

Desde la izquierda: Francisco Caro, Emilio Porta, Carmina Casala y Manuel Lopez Azorín
El libro viene precedido de un prólogo de Elvira Daudet, que suscribo, y que por su valor y rigor debería haber evitado estas palabras mías. Su lectura ilumina. Y viene epilogado por una addenda, pequeña muestra de textos que ha provocado la obra de nuestra poeta en firmas prestigiosas. Entre ambas partes, una centena exacta de poemas escogidos de los siete libros editados. (...)

    La poesía de Carmina está llena de vínculos umbilicales con el lector, al que nunca abandona. La autora no precisa al lector, como otros poetas, para que la interprete, sino para que camine muy junto a ella, converse y la acompañe mientras los días se suceden, suceden a su alrededor buscando certidumbres.  Y todo porque busca la poesía para  escribirse, es decir para saberse mientras escribe. No hay excesiva novedad en ello, muchos son los poetas que necesitan su yo, la intimidad más o menos velada del yo, poetas que no pueden ni desean escribir extrañados. Lo que se hace evidente a manos llenas en la lectura de esta antología Por dentro de la vida, es la potencia y la autenticidad con la que este camino se manifiesta. Desde el primer verso: Me declaro mujer... con que abre su obra. Verso motor de cuanto viene luego. No hay instante de lectura, poema ni libro de los siete que la componen, en que el lector pueda escapar de la afirmación.Yo soy la mujer, vuelve a repetir al comenzar Lava de labios.


Carmina Casala

        Mujer, mujer en cada verso, Carmina escribe con serena elegancia. Carmina escribe desde la esquisitez del gesto. Carmina se escribe desde la más tierna contundencia. No busquen en su obra el incendio de las formas, siempre contenidas, excaven, eso sí en la tensión y el coraje de los versos que sostienen su decir. Carmina escribe cuando sus ojos, que han salido en busca de otros ojos, encuentran. Encuentran y tiemblan. Y se asombran. Y cantan o lamentan. A veces cantan y lamentan a la vez. Cómo no hacerlo del amor y su fugacidad, de la soledad y su terca voluntad de permanencia. Cómo no hacerlo en los himnos amorosos de Lava de labios, cómo no en los cantos elegíacos de Octubre sin raíz,  a mi juicio, las dos entregas que cimentan el edificio de su obra.
        Permitanme ahora dos textos de cita, como alfa y omega, testimonios. Este de Lava de labios: Vamos amor, sube a mi vuelo. / Tengo tus alas desplegando mi risa./ Pondremos nuestras bocas en la boca del mundo.../ que es pequeña la tierra / para tanta esperanza acumulada. Y este de Octubre sin raíz: Duerme ya mi amor. / Descansa./ La batalla fue dura / y larga / y la perdimos.
                                                        Francisco Caro


Termino leyendo el poema sobre la Antología Por dentro de la vida, (y sobre la portada),  y dedicado a Carmina Casala con este poema escrito por mí para la ocasión.


Carmina Casala y Manuel López Azorin

En esta caracola
                                   
A Carmina Casala

Por esta caracola que se eleva
sobre toda la base de su origen,
esa cimentación que consolida
la casa que la habita
adornada de modos y de formas…
va la vida por dentro.

Herencia recibida
con ademanes, gestos,  acciones y caricias,
pedagogía del amor al alba
en esta caracola, que guarda su secreto
y muestra sus heridas al yodo y al olvido…
Por esta caracola,
siempre, digo, va la vida por dentro.

Un día le enseñaron
a iniciar la aventura del camino,
la más emocionante,
aquella que conforma el interior
y la mirada libre.

Bajo esta caracola
se quedan los cimientos de la casa más suya,
la que  se edificaba día a día,
la que llevó hasta el mar “la pleamar del cosmos”
y se quedó a vivir, siempre por dentro,
en esta caracola
que simboliza el agua, el aire, el fuego,
el barro que es amor


y le da “brío aliento”  “como ráfaga al mar”.
Y en ella se oye el mundo,
con música que canta amor…  y llora
y nuevamente amor suena en su música.

En esta caracola
se oye el mar de sus ojos,  “los que vieron la luz
en un abril de sueños y de espera”,
los que visten su cuerpo de ilusiones,
los que cuentan estrellas
y creen “en las manos que se encuentran”.

En esta caracola, 
esa que un día inició la aventura de ser,
creció por dentro y fuera y, ya crecida,
“preñó la soledad de ritos invisibles”,
va la vida por dentro.

Por esta caracola va su voz
en el amor prendida
y canta entre las páginas que guardan su palabra,
por dentro de la vida, en esta caracola.

                                Manuel López Azorín
                            
 22 de mayo de 2014   En la presentación de la Antología poética 1981-2013 titulada

 POR DENTRO DE LA VIDA (Eirene Editorial,2014) de Carmina Casala

martes, 18 de febrero de 2014

Manuel López Azorín. Poema "Camarón" (Elegía homenaje) con Nacho Martín a la guitarra




Manuel López Azorín. Del libro Romancero flamenco editado por Eirene Editorial: Poema "Camarón I y Camarón II" 
(Elegía homenaje) con Nacho Martín a la guitarra





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CAMARÓN I
             
Para ti, para los tuyos,
para todo el que lo sienta,
un romancero flamenco.
Una historia y una queja
para un sol rubio, andaluz,
El Camarón, por más señas.

Por un cante, por un pueblo,
por un hombre que nos deja
como nos dejaron tantos
antes de que éste naciera.

Aunque aquí no se los nombra
andan por este poema
que quiere ser homenaje
de lego amante que vuelca,
más que saber, corazón
para las voces flamencas.

Una leyenda sin tiempo
por Andalucía vuela.
Pueblo que viven su cante

sin límites ni barreras.



CAMARÓN II



¡Ay rubio sol andaluz,
te llevó la noche negra!
Envidiosa de tu voz
quiso quedarse con ella.

¡Ay rubio sol andaluz
que en Cádiz doró la arena
por la playa, por el monte,
las calles… y las tabernas.

¡Ay! Roja piel de la tarde
que fue sangre y que navega,
universal, por los mares,
esclarecida y serena.

¡Ay! Murmullo de los vientos
que por la garganta quiebran
soleares, martinetes,
siguiriyas, peteneras...
cantes nuevos, cantes viejos
que gimen, lloran, protestan,
y son un clamor de rabias
y la ternura más tierna.

 La voz enredada al aire.
El aire lleno de cuerdas.
Cantes viejos, cantes puros,
cantes que, nuevos, intentan
mezclar, fundir, dar al viento
por la voz, toda la esencia
del más hermoso flamenco
que desde el alma naciera.

La voz enredada al aire,
el aire lleno de cuerdas.
Ayer y mañana juntos
por la garganta resuenan.

 Al rubio sol andaluz
     –gitano para más señas–
le ha roto el pecho la noche
y llora el alba, y se queja:

               –¿Quién me alegrará los días
                   si la noche se lo queda?
                   Sin el calor de su voz,
                   decidme ¿Quién me despierta?

El aire callado viene
y con lágrimas me deja
besos de amargo silencio,
rocío de llanto y pena.
              –¿Quién se montará en mi grupa?
(Me dice mientras se queja)
                  ¿Qué cantes irán conmigo
                   si la noche se lo lleva?

 Enmudece la mañana
y las guitarras se quejan,
se queja el alba, y el aire,
payos, gitanos se quejan.

 El rubio sol andaluz
–que raptó la noche negra–
ya no se enreda en el aire,
ni al aire su voz se entrega.

¡Silencio! Murió un gitano
y no un gitano cualquiera,
el gitano con más duende
entre las voces flamencas.

Defensor del Cante jondo,
renovador de una escuela
con la pureza del cante
en la raíz de su tierra.

¡Silencio! Calló un gitano
y no un gitano cualquiera.
José Monge Cruz su nombre,
El Camarón por más señas.
Un rubio sol andaluz
que hizo la tierra flamenca.



Dos siguiriyas y una  soleá por Camarón


José Monge Cruz,
Camarón de la Isla.
Todos los ríos a los mares llevan
una siguiriya.

Se fue el Camarón,
se fue antes del alba
y en los llantos de los ríos se forman
mares de guitarras.

Cuánta pena va por dentro.
Qué fatiguita vivir
para morirse tan nuevo.

Manuel López Azorín
Del libro Romancero flamenco (Eirene Editorial. Madrid, 2012)

viernes, 3 de enero de 2014

Manuel López Azorín. Poema "Los defensores del cante" con Nacho Martín a la guitarra.




Manuel López Azorín: Poema "Los defensores del cante" con Nacho Martín a la guitarra.




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Los defensores del cante

Defensores de los cantes
y la guitarra flamenca:
los críticos, estudiosos,
los músicos, los poetas...
junto al pueblo que lo canta
porque lo lleva en las venas.

Los que han sentido en el pecho,
el alma, por dentro y fuera,
el grito de todo un pueblo
y, con el pueblo, su esencia.

Manuel Torres y “Demófilo”
   –el padre de los poetas
   Antonio y Manuel Machado,
   Olmo de España, y adelfa–

Don  Manuel y Federico:
la música y el poema.

Tienen su sitio en la Historia
de los cantes de su tierra.

Lo popular y lo culto
llevan por la misma senda.



Coplas por soleares de los defensores del cante

Defensores de una raza,
de un cante y un sentimiento,
por un pueblo se levantan.

La culta música abraza
con Falla el cante flamenco
y lo potencia en Granada.

Hay una cultura llana
que tiene un sitio en el pueblo

y nadie debe olvidarla.

Manuel López Azorin
Del libro Romancero flamenco (Eirene Editorial. Madrid, 2012)


jueves, 26 de diciembre de 2013

Reseña sobre "Romancero flamenco" de Manuel López Azorín, escrita por Manuel Cortijo Rodríguez para la Tertulia "Eduardo Alonso"



(Presentación de Romancero Flamenco,  de Manuel López Azorín, tertulia literaria “Eduardo Alonso”. 17 de diciembre de 2013)
              
(Nota: Todas las fotografias fueron realizadas por Carlos García Sánchez)

    Presentación de Manuel Cortijo Rodríguez

Un racimo de luz

De izquierda a derecha, Manuel Cortijo Rodríguez, Manuel López Azorín y Nicolás del Hierro


La ciencia y la cultura españolas tienen no pocos débitos contraídos con el filólogo, historiador, folclorista y tanto más don Ramón Menéndez Pidal, que vivió a partir de los diez años en Albacete, donde inició la Segunda Enseñanza en un Instituto de la capital cuchillera, que luego prosiguió en Burgos y Oviedo. Entre las grandes conquistas en las que participó y de las que se ha beneficiado y enriquecido la literatura española, destaca la recuperación del Romancero, considerado por don Ramón en su libro Flor nueva de romances viejos (1928), como un producto meramente medieval, cuyos primeros pasos inicia en 1900, aprovechando su viaje de novios. A partir de este primer atisbo devocional del género, comienza a ajustar sus estudios, diseña su motivada pretensión, los trayectos a recorrer en sus investigaciones, comenzando a recoger innumerables romances por tierras de Castilla la Vieja y los primeros frutos deseados de distintos archivos consultados, del boca a boca que mantuvo con las gentes de otras regiones españolas y de sus viajes por distintos países hispanoamericanos. De toda esta cosecha instrumental, empiezan a resplandecer  maravillas ignoradas que escondía el Romancero tradicional español,  incluso allende los mares



El Romancero, tan honrado y alentado por el Renacimiento, tuvo su continuidad, sabido es,  en los grandes poetas de los siglos XVI y XVII, como Góngora, Lope de Vega y Quevedo, sus máximos exponentes. Pero ¿qué ocurre con el Romancero en el  siglo XVIII? Ahondando por ahí dentro en la historia de nuestra literatura dieciochesca, sabemos que la poesía neoclásica trató temas históricos, costumbristas, satíricos y pastoriles, siendo sus formas habituales las odas, epístolas y elegías.  Del romance como composición poética, en la documentación consultada encuentro citado al poeta extremeño Bartolomé José Gallardo, como autor de un romance con estribillo, manteniendo la rima asonante en los pares, del que transcribo sus cuatro primeros versos:
¿A qué puertas y ventanas
clavar con tanto rigor,
si de par en par abiertas
tengo las del corazón?
Si tal fue la situación, al principal poeta neoclásico español Juan Meléndez Valdés, se le reconocen en su producción lírica,  además de la oda anacreóntica, el epigrama  o la poesía de circunstancias y los romancillos heptasílabos, una de las estrofas favoritas del poeta. Recordemos también que escribió, conservando la oda como estructura métrica, entre otros grupos de poemas, sus  Variaciones sobre un romance de Góngora.



Viene resultando particularmente obvio que en los romances permanece una parte esencial de la historia de España, de las aspiraciones, vivencias de un tiempo reconocible por medio del sentir tradicional de sus pueblos. Estos poemas épico-líricos, de mayor o menor extensión, cuyos orígenes tienen su punto de partida en los antiguos cantares de gesta, se han ido heredando de generación en generación, como si se tratara de un cierto aire de familia, de un parentesco personalizado, entendido como proyección operativa en la identificación de las raíces congéneres. Resulta innegable que los romances se fueron sosteniendo en la propia solidez de sus cimientos, pues fue tanta su aceptación como género entroncado con la poesía heroica,  que en seguida se tradicionalizaron en el siglo XV y así perduran florecidos hasta nuestros días.
 
Y de ese aire de familia que decíamos llega a nuestras manos este Romancero flamenco(EireneEditorial), que tiene mucho -por no decir todo-  de homenaje; este libro que es, a su vez, un canto de esperanza por el Flamenco, entonado desde el apasionamiento y la claridad poética, porque Manuel López Azorín, su autor, es un poeta que participa del fulgor abarcante de la claridad, un poeta claro, como leemos en las palabras empapadas en luz sin término que dejó escritas Francisco Caro en la hermosa introducción previa que hiciera de este mismo título, con motivo de su presentación  en la librería de la música El Argonauta el pasado mes de marzo.


No es que Manolo, haya bebido de las fuentes familiares más próximas  (excepción hecha de la devoción al recuerdo de la imagen paterna, que el poeta nos deja escrita en sus fervorosas Notas preliminares, puestas al principio del libro) las aguas primerizas y los fervores confesados que nos llegan del siglo XVIII, que acredita la aparición del Flamenco, como soporte donde se afirma la música y la danza que señala la cultura andaluza.  Lo que ocurre es que el poeta, probadamente, lleva grabado a fuego en su sangre y en su alma el cante flamenco, que tutela y establece la sustancia seminal de sus propios sentimientos,  como él mismo observa en una de las soleares de las que se sirve para el introito: “Sé que el canto es como un eco/ y cuando grita la voz/ resuenan los sentimientos”. La relación existente en este formidable libro entre el Romancero, como género que singulariza y define en gran medida  la cultura hispana y el Flamenco, cuyas historias aparecen enlazadas fuertemente, viene determinada, por una parte tendente a prolongar y honrar el recuerdo más entrañablemente familiar de su padre, como inceptor identificable y originario de esta obra, y por otra, para izar un ensimismado ejercicio de empatía afectiva, hacia quienes (mujeres y hombres gitanos o payos, que tanto da), flamencos puristas o no, se atrevieron a lanzar al aire la queja o el quejío y clamar frente a la injusticia, la represalia, la humillación, el desprecio… tal como lo leemos en el apunte introductorio señalado. En consecuencia, el poeta, se adhiere a su vocación y por medio de la virtud poética, viene a dar al lector noticias muy sentidas de una personalísima declaración de amor al arte flamenco, forjada con toda maestría y probidad en algunas de  las distintas formas rítmicas (palos) más popularizadas, como veremos más adelante. Claro, pero considérese  que, al mismo tiempo, el poeta expresa inequívocamente su oposición, su condena más enérgica, su pretendida denuncia que dirige hacia los detractores y corrompidos de  todos los tiempos que el Flamenco tuvo, a esos que quisieron y aún quieren menospreciarlo, abolirlo y, lo que resulta especialmente grave, silenciarlo, porque, en todo caso,  nunca han bebido lo más puro de sus aguas clarísimas.



Este Romancero flamenco que presentamos hoy, se deja sentir en la totalidad de los poemas incluidos en libro en versos octosílabos de asonancia monorrima, que no  monorrítmicos, a través de los cuales el poeta da cumplida cuenta de su pericia constructiva, poniendo al servicio de ésta muchas de las variedades y tipos rítmicos que ofrece este metro. Todos los romances se suplementan con algunas de las variedades del cante flamenco, conocidas como palos. Así nos encontramos la presencia de soleares acabadísimas, que hubiese celebrado como suyas el mismo Rafael  Montesinos,  aquel poeta que prolongó la escuela sevillana, nuestro también en tanto como fuimos, que dijo de la estrofa: La soleá es trágica por naturaleza y nace lamentándose, incluso en el requiebro... La contundencia de sus tres versos obliga a decir más en menos espacio, algo que es muy valioso en cualquier tipo de poema. Sirva ésta de Rafael como ejemplo: “Déjame dormir la siesta,/ contigo, amor, en tu cama;/ contigo, aunque no la duerma”. Y siguiriyas perfectas de composición, obtenidas de igual troquel que aquéllas de la emoción amorosa que su padre le brindaba a Manolo, cuando la infancia iba fruteciendo bajo el sol de su casa en Moratalla. Valga la siguiente como muestra: “Como degollada/ se expande en el aire./ Terrible es el grito. Un escalofrío/ recorre la sangre”.  




El Flamenco para nuestro poeta es mucho más que un contagio sentimental, la manifestación de un estilo asociado a la etnia gitana, un estado anímico  de resonancias colectivas subyacente en el alma, donde la música,  la danza y la letra cantada, constituyen los aderezos dominadores de su razón de ser; es mucho más que un sentir en un tiempo sin borrar, o una entonación parecida  a cualquier melancolía evocativa, que tuvo cabecera y asilo en el pueblo andaluz, como dijimos más arriba.

El cante flamenco para López Azorín es una forma de resonancia interior, algo que sólo puede decir el sentimiento. Así, desde esa convicción emotiva,  le vemos avecinarse con la memoria común de aquella progenie de cantaores flamencos, Silverio Franconetti, Gaché, Juan Breva, El Camarón,  que se nos fueron ya, y que ahora, en estas páginas, se prolonga y se alza el sol de su recuerdo: el recuerdo de aquéllos que no pueden morir porque aún les oímos, porque se nos ha quedado varada  la vibración sonora de sus voces en nuestros corazones oyentes para siempre. Pero esto no es por una simple cuestión de los sonidos, sino porque nunca podrán irse del todo  “Los que han sentido en el pecho,/ el alma, por dentro y fuera,/ el grito de todo un pueblo/ y, con el pueblo, su esencia”. Vuelve con Federico García Lorca, uno de sus mentores poéticos más oferentes, siempre próximo, con toda su franqueza, su voz poética nutrida de emoción, redimida en la luz, como una lamentación personal, sobrada de fervor confesional hacia la figura inefable del poeta granadino: ¡Ay Federico! que fuiste,/ ¡Ay Federico, qué pena!/ en la fuente de las lágrimas,/ llanto de sangre en tu tierra”.  Acogiéndose por pura semejanza a Lorca, en un elogio incontestable a su recuerdo, se apoya en el zumbón  poder de la soleá: “Soleá por Federico./ Llanto de rabia y de pena/ en un doloroso grito”. Pero el poder  interior está en el alma, y es preciso sacarlo sin mermas que lo debiliten en tiempos de escasez y crisis del entusiasmo humano  “Para hacerle frente al hambre/ que produce el abandono…/ se saca el alma en el cante”.  



Ningún protagonista principal físico e imprescindible, aplicable a los moldes del  cante flamenco, se queda sin su sitio aquí en estos romances,  que favorecerán nuevos impulsos creativos de la composición en generaciones venideras. Así establece el poeta la unidad de clima y tono que define la grandeza de este libro,  que ha venido a encender en llama viva una alentada pasión amorosa por el Romancero, como el más antiguo género literario conocido que califica nuestra cultura hispana, tan consistentemente unido al Flamenco, según se dijo antes. Aquí el cante, el baile, las manos, los siguiriyeros, la siguiriya, nos dejan para siempre encendida la luz de su verdad. Y sobre todo esto, que no parece poco,  el empeño de un poeta afortunado, Manolo López Azorín, poeta solidario, propio, honesto y modélico donde los haya, que nos regala en su Romancero flamenco quizá uno de los latidos más intensos de sus éxitos  creativos, que viene a prolongar una obra poética considerable en productividad y entregas, fructífera en reconocimientos, de la que mucho se ha opinado en multitud de foros culturales y escrito por algunos de los críticos más aventajados  en revistas de creación, diarios y páginas de opinión. Eso sin contar lo mucho que aún está por venir. Y nosotros deberíamos entablar muchísimo más sobre la poesía luminosa de Manolo, bien lograda en este libro, pero como bien se comprenderá esto no se ajusta al espacio y al tiempo de  lo que García Lorca denominaba como protocolo convencional.   


Manuel López Azorín y Nicolás del Hierro


Por eso nosotros, desbordados y conmovidos por tanto sentimiento liberador del hombre, tanta verdad y claridad poética, consistencia de estilo inconfundible que nos llevan arriba,  hasta las cumbres del arrebato y la emoción, nos vamos a quedar, nos quedamos a vivir en el alma de López Azorín, que nos deja a las puertas de la inmortalidad interior, en el  arrojamiento empático del poeta con el cante flamenco, sus cultivadores y defensores  más significativos, que ya es en este hermoso libro referente obligado e imperecedero. Nos quedamos con la luminosa carga de este racimo de luz arromanzada que ratifica y enaltece a Manolo como un poeta necesario,  y constituye una de las ganancias simbólicas más deslumbrantes que nos ha regalado su estilística, su poesía durativa. Nos vamos a quedar en ese alto misterio de la elevación poética, que nos aproxima -en común- y nos invita a ponderar el cante flamenco en su justa medida, con la fuerza real de la soleá que cierra este libro que ha permanecido cinco lustros arrumbado, pero que nos llega con todo su verdor benéfico de clarividencia, en su originaria depuración formal, para decir a los que oyen con las capacidades de los corazones grandes: “Flamenco, cante flamenco:/ forma de sentir de un pueblo/ para no morir por dentro”. 

Manuel Cortijo Rodríguez:     







   


Manuel Cortijo Rodríguez (La Roda, Albacete, 1950), que se dio a conocer como poeta en los años setenta, siempre me ha parecido (además de un buen poeta que nunca se decidió a publicar en forma de libro y sí lo ha hecho con poemas sueltos publicados en revistas y también ha sido incluido en varias antologías) un buen poeta, un gran lector y, cuando ejerce la crítica literaria, un acertado crítico.
Manuel Cortijo Rodríguez es poeta. Lo dice muy bien  en su Wetsite oficial otro poeta José María González Ortega: Muchas personas sensibles quisieran ser poetas; otras lo son porque no les queda más remedio: están destinadas... como Manuel Cortijo.Lo es en poemarios, recitales, conferencias, ensayos... Dirige la Tertulia Literaria “Eduardo Alonso” (fundada en 1979), de la Asociación Cultural Peña de Albacete en Madrid, cuyos actos realizan en la Casa de Castilla-La Mancha. 

   La poesía de Manuel Cortijo Rodríguez es de íntima reflexión y está hecha con una arquitectura formal de clara y difícil sencillez, una sencillez que nos provoca la emoción en cualquiera de sus poemas. el año pasado publicó Memoria de lo usado (Diputación de Albacete, 2012).